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jueves, 24 de mayo de 2018

Alopecia por antineoplásicos orales, ¿a qué se debe?


Como ya hemos visto en entradas anteriores del blog, la mayor parte de los fármacos para el cáncer (antineoplásicos) aparte de ejercer su efecto, también actúan sobre algunas células sanas del organismo. Este daño colateral es mayoritario en células con mucha renovación como las células del intestino, las de la sangre o algunos tipos de células de la piel. Esto conlleva la aparición de una serie de efectos secundarios, entre los que destacarían: pérdida de células de la sangre (mielosupresión), inflamación de las mucosas del tracto gastrointestinal (mucositis), náuseas, vómitos y pérdida del cabello (alopecia). Esta última consecuencia es una de las mayores preocupaciones de los pacientes oncológicos a la hora de tomar antineoplásicos. Hoy vamos a conocer porqué se produce.  


De manera general, podemos decir que un gran número de medicamentos puede interferir en el desarrollo cíclico del cabello y dar lugar a su caída. El grado de alopecia está relacionado con la naturaleza del fármaco y la predisposición individual, afectando por igual a hombres y mujeres.

¿Cómo se produce?

En el caso de antineoplásicos orales, debemos conocer en primer lugar una serie de conceptos sobre el desarrollo del cabello. En condiciones normales, el 90% de los pelos están en fase de crecimiento activo (conocido como fase anagén), mientras que el resto se mantienen en reposo (fase telogén).

La alopecia inducida por antineoplásicos se debe sobre todo a la inhibición de la multiplicación del pelo en fase anagén, ya que al estar en un estado de división son más sensibles. La consecuencia puede ser que se empiece a producir un pelo más débil, que se rompa con el peinado o incluso con el roce de la almohada, o que se produzca un fallo completo en su formación. Como solo se afecta el pelo en fase anagén, se trata de una alopecia difusa e incompleta. Sin embargo, en estos pacientes hay circunstancias añadidas como el estrés, procesos febriles y otras enfermedades sistémicas o situaciones hormonales que podrían hacer perder el pelo maduro que está en fase telogén y por tanto aumentar la alopecia incompleta de la quimioterapia llegando a producir una alopecia total.

Hasta ahora hemos hablado del cabello, per el resto de pelo corporal (cejas, pestañas, barba, pelo púbico o axilar) se afecta con diferente intensidad dependiendo de su tasa de crecimiento y el porcentaje de pelos en fase anagén. Dado que en estas zonas el porcentaje de pelos en esta fase es menor, la alopecia no suele ser completa.

¿Cuándo se produce?

La alopecia se inicia entre la primera y segunda semana del inicio de la quimioterapia haciéndose más evidente en el primer y segundo mes. Es dependiente de la dosis y de la vida media del fármaco (tiempo que pasa el fármaco en el organismo), los tiempos de infusión prolongados y que el tratamiento se componga de más de una especialidad.

Se trata de un fenómeno reversible, por tanto al finalizar la quimioterapia el pelo vuelve a crecer unos dos meses tras finalizar el tratamiento, aunque suele ser diferente tanto en su textura como en el tono.

¿Qué medicamentos la causan?

Algunos de los antineoplásicos orales que incluyen la alopecia entre sus posibles reacciones adversas son:
  • Temozolamida
  • Vinorelbina
  • Sunitinib
  • Dasatinib
  • Sorafenib
  • Bexaroteno
  • Pazopanib
  • Melfalan
  • Trifluridina
  • Vismodegib
  • Palbociclib
  • Dabrafenib
  • Ribociclib

¿Qué se puede hacer para tratarla o prevenirla?

En cuanto al manejo, no hay un tratamiento específico para la alopecia inducida por fármacos. Se están probando diferentes tipos de tratamientos para prevenir la alopecia, algunos de estos tienen una actividad positiva limitada a determinados agentes quimioterápicos, pero hasta el momento solo se han experimentado en modelos animales.

Por otro lado, el minoxidil tópico parece ser el tratamiento más efectivo para reducir la severidad y acortar la duración de la alopecia pero no logra prevenir completamente la pérdida del cabello. Por otra parte, no se recomienda asociar minoxidil con antineoplásicos orales hasta 4 meses post tratamiento por el riesgo que conlleva asociar cualquier tratamiento a los antineoplásicos orales y por la ausencia de evidencia sobre la eficacia de minoxidil sobre este tipo de alopecia.

Con todo esto, podemos concluir que la alopecia es una de las reacciones adversas de la quimioterapia oral que más preocupa a los pacientes pero suele ser moderada y desaparecer tras suspenderse el tratamiento. Algunas de las medidas recomendadas son la información previa, el apoyo psicológico, la no utilización de tintes ni secadores, y evitar la exposición solar.


Alejandra Ferrada

jueves, 26 de abril de 2018

Alteraciones del gusto por medicamentos antineoplásicos

Durante el tratamiento con antineoplásicos los pacientes pueden sufrir  reacciones adversas como por ejemplo molestias gastrointestinales, bajada de defensas, mareos… No obstante, en la entrada de hoy queremos centrarnos en una reacción no muy común que puede ocurrir con este tipo de fármacos: “alteraciones en el sentido del gusto”. Veremos qué es, cómo surge el problema y daremos una serie de consejos.



¿ALGUNA VEZ HA SENTIDO UN DESAGRADABLE SABOR A ‘METAL’ MIENTRAS ESTABA EN TRATAMIENTO CON ANTINEOPLÁSICOS? 

Si es así, no se alerte, esta afectación se denomina disgeusia y es uno de los síntomas que conlleva este tratamiento.

La disgeusia es un trastorno del sentido del gusto. Se caracteriza por un sabor desagradable, normalmente amargo o metálico sobre todo al ingerir alimentos.

¿POR QUÉ ME OCURRE ESTO?

Nuestra cavidad bucal está constituida por varias estructuras responsables de captar el gusto y llevar esta información al cerebro para que éste la interprete. Mientras se está realizando un tratamiento antineoplásico el fármaco pasa a través del tejido que cubre la cavidad alterando estas estructuras (glándulas salivales, papilas gustativas…)

¿CUÁNDO APARECE?

Es importante saber que ni en todas las personas ni en todos los fármacos tiene lugar esta alteración. Existen diversos factores que influyen en la disgeusia, como la localización del tumor, estadio tumoral, tratamientos oncológicos, estado fisiológico y hábitos del paciente como si tiene antecedentes de tabaquismo, alcoholismo o deficiencias nutricionales.

Los cambios en el sentido del gusto, pueden aparecer durante e incluso después del tratamiento, y los efectos más característicos son los siguientes:
  • Diferente sabor de algunos alimentos, principalmente amargos, dulces y/o salados.
  • Sabor insípido.
  • Percepción de todas las bebidas y alimentos con sabor idéntico 
  • Sabor metálico o químico en la boca, especialmente después de comer carne u otros alimentos con alto contenido de proteína.
  • Infecciones bucales.

¿QUÉ ANTINEOPLÁSICOS SUELEN PRODUCIRLO?

Algunos de los fármacos antineoplásicos que lo producen son:
  • Oxaliplatino
  • Crizotinib
  • Imatinib 
  • Lenvatinib
  • Vismodegib 

¿QUÉ PUEDO HACER?

Es importante saber que nunca se debe dejar un tratamiento prescrito por su médico si éste no lo indica. 

En este apartado les dejamos unos consejos que les pueden ayudar a sobrellevar esta desagradable sensación: 
  • Use utensilios de plástico y de vidrio para minimizar el sabor metálico.
  • Escoja alimentos apetecibles por su aroma y sabor, aunque no acostumbre a tomarlos.
  • A la hora de cocinar, intente utilizar campanas extractoras o comprar alimentos precocinados para evitar los olores de la cocción.
  • Consuma alimentos fríos o congelados, que pueden tener un mejor sabor que los alimentos calientes y no desprenden tanto olor. No obstante, lleve cuidado si está recibiendo tratamiento con oxaliplatino, ya que éste dificulta la ingesta o bebida de alimentos fríos.
  • La carne roja puede aumentar el sabor metálico, por lo que se recomienda probar con otras fuentes proteicas como huevos, pescado, carne de aves de corral… Además, es recomendable marinar y condimentar los alimentos con vinos dulces, hierbas y salsas.
  • El uso de chicles y caramelos sin azúcar con sabores como limón, menta o naranja también puede ayudar a enmascarar el sabor amargo o metálico en la boca. 
  • El enjuague con una solución de sal y bicarbonato previo a las comidas puede neutralizar el mal gusto en la boca. 
  • Es aconsejable elegir el mejor momento para ingerir los alimentos, por ejemplo, de 1 a 2 horas antes y hasta 3 horas después de la toma del fármaco para evitar la aparición de náuseas y vómitos producidos por el tratamiento. 
  • Para prevenir infecciones bucales, es importante tener una buena higiene y salud dental.


Cuídense!

María Torres

jueves, 29 de marzo de 2018

Neuropatía periférica por antineoplásicos

Los fármacos para el cáncer, también llamados antineoplásicos, citostáticos, y más comúnmente la quimioterapia, son conocidos por las reacciones adversas que provocan. En concreto, los tratamientos tradicionales para el cáncer eran agentes bastante inespecíficos que atacaban a todas las células que se reproducían rápido. Es por ello que provocaban importantes reacciones adversas que había que vigilar. Por otro lado, los nuevos agentes antineoplásicos que se están desarrollando en los últimos años actúan de manera mucho más específica contra moléculas que se encuentra en su mayor parte en las células cancerosas. De esta manera, las reacciones adversas secundarias al tratamiento suelen ser menos importantes, y así, se pueden administrar tratamientos de larga duración.

Sin embargo, aunque los nuevos agentes tienen un mejor perfil de toxicidad, sigue habiendo reacciones adversas que pueden surgir. Por lo tanto, es muy importante, ya sean antineoplásicos tradicionales o nuevos, conocer qué problemas pueden surgir y cómo se debe actuar. Hoy nos vamos a centrar en la neuropatía periférica.





¿Qué es la neuropatía periférica?

Nuestro cuerpo está lleno de nervios encargados de llevar la información de nuestro sistema nervioso (cerebro y médula espinal) hasta cualquier parte del organismo y viceversa. La neuropatía periférica aparece ante cualquier problema que afecte a estos nervios.

Puede estar causada por multitud de situaciones:
  • Diabetes (la más frecuente)
  • Trastornos autoinmunes como la artritis reumatoidea o el lupus
  • Enfermedad renal crónica
  • Infecciones como VIH/SIDA o hepatitis C
  • Intoxicación por pegamento o metales pesados como el plomo
  • Consumo excesivo y prolongado de alcohol
  • Tratamiento con determinados fármacos para tratar la epilepsia, infecciones, hipertensión o el cáncer

Los síntomas que se producen dependen de qué nervio está dañado y de su extensión. En lo que respecta a la reacción adversa provocada por la administración de antineoplásicos, el síntoma más frecuente es el dolor y entumecimiento de los miembros superiores e inferiores. 

Se trata de un hormigueo o ardor que cursa con pérdida de sensibilidad en brazos y piernas que suele comenzar en los dedos de los pies y de las manos y va ascendiendo de manera gradual. También se puede dar más como un pinchazo o un dolor ardiente, o como una mayor sensibilidad a las temperaturas extremas. En cualquier caso, puede incluir además un dolor punzante y agudo que complica al paciente la realización de tareas diarias como abotonarse la camisa, separar monedas en un bolso o caminar.

Además de la molestia que ocasiona, puede llegar a ser peligroso ya que al tener la sensibilidad reducida, la persona puede pincharse con algún objeto o tocar una superficie demasiado caliente y no darse cuenta, con el consiguiente daño que se produce.

Es una de las razones más comunes por la que los pacientes abandonan su tratamiento para el cáncer prematuramente.

¿Qué fármacos para el cáncer lo causan?

Como se ha comentado al principio, aunque es producida de manera más frecuente y grave por la quimioterapia tradicional, también puede aparecer con los nuevos agentes dirigidos. Podemos destacar los siguientes medicamentos:

  • Compuestos de platino (cisplatino, carboplatino, oxaliplatino)
  • Vincristina
  • Taxanos (docetaxel, paclitaxel)
  • Bortezomib
  • Talidomida
  • Lenalidomida
  • Fluorouracilo
  • Capecitabina
  • Trifluridina
  • Imatinib
  • Dasatinib
  • Nilotinib


¿Hay algún tratamiento?

De momento, no existe ninguna manera de predecir qué paciente lo va a padecer y en qué grado antes de recibir el tratamiento antineoplásico. Este hecho repercute en la importancia de informar debidamente al paciente para que sepa reconocer el problema y comunicarlo a sus profesionales sanitarios.

A día de hoy no existe ningún tratamiento farmacológico que haya demostrado paliar la neuropatía periférica. Es por ello que la práctica más común consiste en reducir la dosis del antineoplásico o suspenderlo temporalmente hasta que la neuropatía desaparezca o sea tolerable.



En definitiva, ningún fármaco está exento de reacciones adversas por muy nuevo y efectivo que sea. Siempre es importante conocer qué problemas pueden surgir y comunicar su aparición. La neuropatía periférica es una de las reacciones adversas más comunes de los antineoplásicos. Aunque en un principio no sea muy grave, puede ocasionar una importante pérdida de calidad de vida para el paciente por lo que se debe tener en cuenta y actuar en consecuencia.



Cuídense!

María Torres
Pablo Pérez

miércoles, 27 de septiembre de 2017

¿Por qué me han cambiado de Truvada® a Descovy®?

Esta es una pregunta que muchos pacientes con VIH se harán en los próximos meses. La reciente comercialización del fármaco Descovy® (emtricitabina + tenofovir alafenamida) está empezando a sustituir los tratamientos con Truvada® (emtricitabina + tenofovir disoproxilo). Para saber el motivo hay que indagar un poco.




Tras la aparición de los primeros fármacos antirretrovirales, allá por la década de los noventa, el objetivo de la terapia contra el VIH se centraba únicamente en reducir la carga del virus en sangre y aumentar los niveles de linfocitos CD4+. Con el paso del tiempo, los avances en el tratamiento antirretroviral han conseguido convertir el VIH en una enfermedad crónica, que se logra controlar con los fármacos disponibles y una adherencia adecuada del paciente.

La evolución de la terapia antirretroviral ha permitido a los pacientes con VIH envejecer. Sin embargo, esta buena noticia ha generado otros problemas. Ya no vale solo con reducir el virus en sangre, ahora necesitamos tratamientos muy seguros que no presenten toxicidad a largo plazo y nos puedan provocar otros problemas.

En el año 2006 se autorizó en España el fármaco Truvada® para la infección por VIH. Se trataba de la combinación de dos principios activos: emtricitabina (inhibidor de la transcriptasa inversa análogo de nucleósido) y tenofovir disoproxil (inhibidor de la transcriptasa inversa análogo de nucleótido). Desde entonces ha sido uno de los antirretrovirales más utilizados por su eficacia, seguridad y comodidad, ya que permite pautas de un comprimido al día asociado a otros tratamientos. 

Se ha visto que en algunos pacientes que están en tratamiento durante años, tenofovir disoproxil provoca daño en los riñones y osteoporosis que termina obligando a cambiar de antirretroviral. Este daño se produce por las altas concentraciones de tenofovir disoproxil en la sangre.

En este contexto se acaba de desarrollar Descovy®, la combinación de emtricitabina más tenofovir alafenamida. Esta nueva formulación de tenofovir alafenamida hace que el fármaco entre más fácilmente en las células de nuestro organismo, donde ejerce su efecto. De esta manera se puede utilizar a dosis mucho menores que con el antiguo tenofovir disoproxil con el mismo efecto. Como se puede ver en la imagen, 300 mg de tenofovir disoproxil equivalen a solo 25 mg de tenofovir alafenamida. Y por lo tanto, al haber menos fármaco en sangre se produce menos daño en los riñones.



Este es un buen ejemplo de como una pequeña modificación química en la estructura más elemental de un fármaco pueden afectar a la eficacia o seguridad del medicamento. En este caso, los resultados de los ensayos clínicos han sido muy positivos, por lo que solo nos queda esperar que mejoren los resultados en salud de los pacientes en tratamiento con esta combinación. 

Sara Ruiz el Jerche
Vanesa Pérez Muro

jueves, 24 de noviembre de 2016

¿Ha oído hablar del efecto nocebo?

Puede que alguna vez haya notado que un medicamento le sienta mal, y haya dado por seguro que se trataba de un efecto secundario al medicamento, sin embargo hay casos en los que no se trata de una verdadera reacción adversa. En efecto, se ha comprobado que los pacientes pueden experimentar efectos adversos que no siempre son debidos a la acción farmacológica específica del fármaco, sino que estos síntomas pueden ser el resultado de un “efecto nocebo”.  


El efecto nocebo se refiere a la inducción o el empeoramiento de los efectos adversos provocados por un tratamiento. Es decir, se trata de la contrapartida negativa del efecto placebo. Del mismo modo que el efecto placebo puede mejorar los resultados de una terapia, el efecto nocebo puede constituir una fuente importante de reacciones adversas que se atribuyen al tratamiento farmacológico (se suman al resto de efectos adversos que pueda generar la intervención terapéutica).
Se trata de un fenómeno bastante común, y aunque no se conoce su incidencia real ni su importancia a nivel clínico, es muy probable que esta percepción subjetiva de intolerancia  genere un rechazo al tratamiento farmacológico.
De hecho, puede tener consecuencias clínicas significativas, puesto que puede ser un motivo importante de incumplimiento terapéutico, con la consiguiente pérdida de eficacia del tratamiento. A esto se puede sumar un aumento de la prescripción de nuevos medicamentos para contrarrestar los síntomas causados por el efecto nocebo, e incluso un aumento en el número de visitas médicas.
Los factores que parecen estar asociados con el fenómeno nocebo son tanto de tipo neurobiológico como psicológico. Entre estos últimos se incluyen trastornos psicológicos (ansiedad o depresión), tendencia a somatizar y las expectativas del paciente sobre los efectos adversos al inicio del tratamiento, en función de sus experiencias previas (asocian la aparición de determinados síntomas con la toma de medicación) y la información recibida al respecto.


Para evitar la aparición del efecto nocebo es muy importante la relación del paciente con los profesionales sanitarios. Es primordial que usted manifieste sus temores y consulte todas sus dudas sobre su tratamiento y los posibles efectos adversos a su médico y/o farmacéutico, para saber cómo prevenirlos y, si aparecen, saber identificarlos y cómo manejarlos.
Saludos,

miércoles, 27 de mayo de 2015

Omeprazol: mitos y verdades

Omeprazol es uno de los fármacos más vendidos en nuestro país. Pertenece a la familia de los inhibidores de la bomba de protones (IBP) y su acción principal es la reducción pronunciada y duradera de la producción de ácido en el estómago.

Tras su comercialización en los años 90 los fármacos IBP se han convertido en los medicamentos de referencia para el tratamiento de la ulcera péptica y el reflujo gastroesofágico. Entre sus indicaciones se encuentra también la profilaxis de lesiones gastrointestinales provocados por los antiinflamatorios no esteroideos (conocidos como AINES), el tratamiento del síndrome de Zollinger–Ellison, y la úlcera gastrointestinal asociada al Helicobacter pylori.

Sin embargo, durante estos años también han surgido muchos mitos en cuanto a los efectos secundarios de la utilización de omeprazol. Algunas veces incluso con titulares en periódicos tan llamativos como “Tenga cuidado con el ‘omeprazol’ el protector gástrico que destruye la salud”. Antes de hablar de los efectos secundarios reales del fármaco es necesario aclarar que ningún medicamento está exento de riesgo. Incluso aquellos que no precisan receta para su dispensación en la farmacia o los complementos alimenticios  que se venden en parafarmacias tienen descritos efectos secundarios.

En general, se puede decir que este medicamento es seguro, bien tolerado y la mayor parte de sus reacciones adversas son poco frecuentes, leves y reversibles. Dentro de los riesgos de este grupo de fármacos hay que diferenciar los efectos adversos a corto plazo que suelen ser leves y reversibles cuando se suspenden, como son  diarrea, dolor abdominal, nauseas, estreñimiento, otras  veces también puede aparecer cefalea y alteraciones en la piel. De manera excepcional puede darse un shock anafiláctico, que es una reacción grave e imprevisible por alergia al producto y requiere atención médica urgente. Además, es necesario recordar que como el resto de medicamentos omeprazol puede interaccionar con otros fármacos y hacer que éstos se absorban en menor proporción y hagan menos efecto.

En la siguiente tabla se recogen algunos consejos:

Efectos secundarios más comunes
(afectan a menos de 1 persona de cada 10)
¿Qué puedo hacer si me ocurre?
Dolor de estómago
Realizar comidas sencillas, evitar alimentos condimentados o picantes
Diarrea
Beber mucha agua. Si se prolonga o se agudiza informe a su médico
Estreñimiento
Trate de comer una dieta equilibrada y beber mucha agua
Dolor de cabeza
Consulte con su farmacéutico el analgésico apropiado

También se han descrito efectos a largo plazo en tratamientos superiores a un año de duración y con dosis altas como la disminución en la absorción de algunos nutrientes (calcio, magnesio o vitamina B12). Éste es un problema conocido y controlado por los médicos en aquellos pacientes que precisan tomar IBP durante largos periodos de tiempo. 

Por otro lado, omeprazol y el resto de fármacos IBP se han convertido para algunas personas en el remedio para todo. Por ejemplo, cuando alguien se va a tomar un comprimido de lo que sea es muy frecuente escuchar "¿te has tomado antes el protector?".  El omeprazol y el resto de IBP se deben tomar solo cuando el médico se lo prescriba y no como normal general. De hecho, la gran mayoría de fármacos no dañan el estómago y por lo tanto no haría falta ningún protector. 


En cualquier caso, su médico le indicará la necesidad o no de tomar IBP a largo plazo en función de su problema de salud; consulte con su médico o farmacéutico si le surgen dudas.

lunes, 14 de julio de 2014

Medicamentos y fotosensibilidad


Ya ha llegado el verano y nos parece interesante insistir en las reacciones dermatológicas que se pueden originar al combinar la toma de medicamentos con la exposición al sol.

La fotosensibilidad es una reacción cutánea producida por la interacción entre una sustancia química fotosensibilizante y la exposición a la radiación electromagnética de espectro entre luz visible y radiación ultravioleta (UV). Estas sustancias pueden ser fármacos o excipientes que se administran de forma tópica o sistémica. Es importante destacar que aproximadamente un 8% de los efectos adversos de los medicamentos son reacciones de este tipo.
La fotosensibilidad se puede manifestar como reacciones fototóxicas o fotoalérgicas, aunque pueden aparecer ambas simultáneamente.
 La reacción fototóxica es una reacción de fotosensibilidad no inmunológica causada por fármacos y otras sustancias químicas. Este tipo de reacciones son las reacciones de fotosensibilidad más frecuentemente causadas por fármacos (95%). La fototoxicidad aparece después de unos minutos o algunas horas del contacto con el sol. Se caracteriza por la presencia de eritema, edema, vesículas, ampollas con prurito y cursa con una manifestación clínica similar a las quemaduras producidas por la exposición excesiva al sol. Estas lesiones se presentan en las zonas expuestas a la luz y pueden revertir en 2-7 días después de suspender el fármaco. Sin embargo, algunos episodios se resuelven con una marcada hiperpigmentación que puede durar meses.

 Las reacciones fotoalérgicas son reacciones de fotosensibilidad con la participación del sistema inmune que causan una reacción de hipersensibilidad de tipo IV. Estas reacciones necesitan una exposición previa al fármaco fotosensibilizante y la transformación química de éste por la radiación UV. Son muy poco frecuentes y presentan una respuesta tardía, entre 1-14 días post-exposición. Se manifiestan clínicamente con una reacción inflamatoria de tipo eczematosa, si el fármaco se aplica de forma tópica, o con una erupción si la administración ha sido por vía sistémica.

 

Algunos de los fármacos que pueden producir fotosensibilidad son: quinolonas (con una alta incidencia), tetraciclinas, quinina y cloroquina, amiodarona, clorpromacina, imipramina y desimipramina. De los AINE, destaca el piroxicam, que puede provocar reacciones inmediatas y que aparecen hasta 14 días después del inicio del tratamiento. El naproxeno se asocia a reacciones pseudoporfíricas. En relación al ketoprofeno, os recordamos que la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios publicó una nota informativa sobre el beneficio/riesgo de administrar este fármaco por vía tópica. Las recomendaciones para la prescripción del ketoprofeno, aplicables también al dexketoprofeno, son:

o    Se debe valorar detalladamente los antecedentes de reacciones de fotosensibilidad al ketoprofeno o al dexketoprofeno tópicos o a otros productos, que puedan hacer sospechar la susceptibilidad del paciente a este tipo de reacciones y evitar el uso de estos medicamentos en estos pacientes.

o    El tratamiento con estos fármacos será de un máximo de 7 días.

o    Se debe recordar a los pacientes las medidas básicas para prevenir las reacciones de fotosensibilidad.

Otro ejemplo en el que la exposición al sol agrava las reacciones dermatológicas que pueden producir los fármacos es el caso de Telaprevir que es uno de los nuevos inhibidores de la proteasa que en combinación con interferon y ribavirina está indicado en el tratamiento de la Hepatitis C crónica. Como se indica en la ficha técnica de este medicamento, los pacientes en tratamiento con telaprevir, pueden presentar una erupción cutánea. Esta erupción se puede acompañar de picor. Normalmente la erupción es leve o moderada, pero puede llegar a ser intensa y/o poner en riesgo la vida del paciente. Se debe consultar inmediatamente al médico y en caso de retirada, el paciente no debe reanudar el tratamiento posteriormente.
Para poder evitar este tipo de reacciones es recomendable leer el prospecto del medicamento o pedir información a su médico o farmacéutico. Algunas recomendaciones generales son:

  • En el caso de estar tomando un medicamento fotosensibilizante, se debe minimizar exposición a la radiación solar, sobretodo durante el verano. Esta limitación también incluye la exposición a las fuentes artificiales de radiación UV. Se deben utilizar ropa adecuada, gorras, gafas de sol de calidad óptica contrastada. Hay que tener en cuenta que la sombra puede reducir la radiación UV directa pero no la indirecta que proceden de superficies cercanas, como la nieve, arena, agua u otras. Los fotoprotectores tópicos pueden complementar las recomendaciones anteriores, especialmente los de amplio espectro, que protegen de las radiaciones UV-A y UV-B.
  • Algunos autores recomiendan administrar por la noche aquellos medicamentos fotosensibilizante de una dosis diaria. De esta manera se reduciría la concentración de fármaco en los momentos de mayor exposición a la luz solar.
  • Además es muy importante asegurar una correcta hidratación de la piel. Esto lo conseguiremos con la ingesta de líquidos (2-3 L de agua/día, salvo que exista alguna contraindicación médica concreta) y con la utilización de cremas hidratantes.
  • Ante la aparición de alguna de las reacciones descritas, se ha de consultar inmediatamente a un médico para que realice un correcto diagnóstico.

Por nuestra parte solo nos queda desearos un feliz verano y que disfrutéis del sol pero con precaución. Un saludo para todos. Fuente