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jueves, 17 de enero de 2019

¿Para cuando los antirretrovirales de acción prolongada?


En las últimas semanas, ante la aparición de diversas noticias en algún medio de comunicación, varios pacientes nos han preguntado por la disponibilidad de antirretrovirales de acción prolongada. 


Antes de contestar a esta pregunta recordaremos que el tratamiento de la infección por VIH con fármacos antirretrovirales ha mejorado significativamente en los últimos años. Disponemos de medicamentos muy eficaces, con menos efectos secundarios y combinaciones de varios fármacos en un comprimido único, que es mucho más cómodo. A pesar de ello, para garantizar la eficacia de este tratamiento, todavía tenemos pendientes algunos retos, y uno de ellos sigue siendo la adherencia del paciente, entendida como el cumplimiento en la toma de todas las dosis y el seguimiento de las recomendaciones de administración, por ejemplo respecto de los alimentos (tomar con alimentos o en ayunas).

En este sentido, y hasta que dispongamos de un tratamiento curativo, han suscitado mucho interés los nuevos antirretrovirales que se presentan como fármacos de acción prolongada y cuyos resultados en los primeros ensayos clínicos son prometedores, algunos de ellos son: GS-6207, MK-8591 y Cabotegravir.


GS-6207 es un fármaco muy potente, con un nuevo mecanismo de acción (inhibidor de la cápside) y actividad contra los principales subtipos de VIH-1. Los primeros estudios indican que tras una administración en inyección subcutánea se distribuye ampliamente por todo el tejido humano y persiste mucho tiempo después de la inyección. Aun así, todavía se debe determinar la pauta más adecuada de este fármaco y confirmar su perfil de seguridad (efectos secundarios) en los ensayos clínicos que están en curso.

MK-8591 pertenece también a una nueva clase de antirretrovirales, es el primer inhibidor de la translocación de la transcriptasa inversa análogo de nucleósidos (NRTTI). Se trata un potente fármaco (incluso frente a cepas resistentes del VIH), de administración por vía oral y acción prolongada, lo que permite su administración una vez por semana.
Recientemente se ha completado un estudio cuyo objetivo era evaluar su eficacia antirretroviral en pacientes que nunca habían recibido tratamiento para el VIH, su tolerancia y seguridad, y sus características farmacocinéticas. Los resultados hasta el momento son positivos y si se siguen confirmando en los ensayos clínicos sería el primer fármaco oral de administración semanal con un potencial considerable para pacientes con resistencia a tratamientos previos e incluso en profilaxis pre-exposición.

La investigación con Cabotegravir está más avanzada (ya hablamos de él hace un año). Se han presentado recientemente los resultados de un ensayo clínico en fase II (LATTE-2) del tratamiento de mantenimiento con cabotegravir en inyección intramuscular de acción prolongada asociado a rilpivirina, administrado cada 4 ó cada 8 semanas en pacientes que ya tenían carga viral indetectable. Este estudio demuestra una alta eficacia tras 96 semanas de tratamiento, y un perfil aceptable de reacciones adversas (en general reacciones en el lugar de la inyección, leves o moderadas, y que se resolvieron rápidamente). Hay que tener en cuenta que se trata de una inyección intramuscular que requiere de administración por un profesional sanitario.
Los ensayos con este fármaco continúan, actualmente se están llevan a cabo varios en fase III, con el objetivo de determinar la mejor pauta a seguir (si cada 4 ó cada 8 semanas).


¿Qué pacientes se podrían beneficiar de estos nuevos tratamientos de acción prolongada?

El perfil de paciente que más se podría beneficiar del TAR de acción prolongada es aquel con problemas de adherencia al tratamiento, dado el amplio intervalo de administración y que se podría administrar en un centro sanitario. Del mismo modo se podría beneficiar un paciente con buena adherencia pero con dificultad para tomar sus medicamentos o simplemente saturación por el tratamiento después de muchos años.


De momento sabemos poco sobre la percepción o interés por estas nuevas opciones de los pacientes con más tiempo en tratamiento antirretroviral. Recientemente se han presentado los resultados de un estudio realizado en EEUU. Se trata de un estudio en el que tras plantearles diferentes hipotéticas opciones de TAR a pacientes con una media de 14 años en tratamiento, estos mostraron mayor interés por la administración de un solo comprimido a la semana, seguido por la opción de un inyectable (cada 4-8 semanas) y por último la opción de un implante cuyo efecto duraría 6 meses.

De modo que parece que los pacientes siguen prefiriendo la administración oral aunque sea un poco más frecuente, que los inyectables de acción prolongada. En cualquier caso estas preferencias dependerán de otros factores, como la edad de los pacientes, su situación personal o la tolerancia a inyectables, y lo que sí parece evidente es que, en general, los pacientes están expectantes y aprueban estas nuevas opciones de tratamiento.

Aunque las expectativas son buenas, las características de los tratamientos de acción prolongada nos llevan a plantear cuestiones todavía por resolver, como la combinación con otros fármacos, y en concreto para las formas inyectables el lugar de administración del fármaco, la frecuencia, y la planificación y seguimiento de las administraciones.

Sin duda estas cuestiones tienen solución y lo importante es poner de manifiesto que se sigue avanzando en el desarrollo de nuevos fármacos para el tratamiento del VIH, potentes, seguros y sobre todo, de acción prolongada, lo que contribuiría a reducir la fatiga del tratamiento y a mejorar la adherencia en determinados pacientes. Solo queda esperar que estén disponibles lo antes posible. Se barajan fechas como el primer trimestre de 2020, aunque este plazo es muy difícil de prever.

Saludos,


viernes, 26 de enero de 2018

¿Se puede controlar el VIH con una inyección al mes?

Llevamos ya un tiempo leyendo noticias sobre un nuevo fármaco para el VIH que puede marcar un antes y un después en el tratamiento de esta enfermedad. Se trata de CABOTEGRAVIR, un principio activo que actúa inhibiendo la integrasa del VIH (una de las proteínas propias del virus). Aunque el mecanismo de acción no es nuevo, la revolución está en que se puede administrar por vía intramuscular solo una vez al mes.

La evolución en el tratamiento del VIH ha sido espectacular. Desde que en 1987 se comercializara el primer fármaco para esta enfermedad, la zidovudina o AZT, han ido apareciendo nuevas dianas y nuevos mecanismos que han permitido mejorar la vida de los pacientes hasta conseguir que tengan una esperanza de vida muy similar a la población sana. Sin embargo, no siempre ha sido un camino de rosas. Uno de los problemas que aparecieron al principio fue la cantidad de pastillas que los pacientes tenían que tomar todos los días, llegando a tener que tomar hasta 20 cápsulas o comprimidos. Poco a poco se han ido simplificando pautas y combinando fármacos hasta que hoy lo más habitual es tener que tomarse solo una pastilla al día.















Continuando con esta estrategia, el siguiente paso que está investigando la industria farmacéutica es la administración parenteral (es decir, inyectada) de formas farmacéuticas de liberación prolongada. Como vimos en el tema de eDruida de administración parenteral, la vía intramuscular permite formular fármacos de manera que se liberen muy lentamente. De esta manera se pueden administrar dosis altas que poco a poco se irán disolviendo, haciendo su efecto y eliminándose durante un tiempo establecido.

Esta estrategia no es tampoco nueva, se ha utilizado en enfermedades como la diabetes, la esquizofrenia o con antidepresivos. A nivel farmacéutico, existen diferentes maneras de conseguir que un medicamento administrado por vía parenteral se vaya absorbiendo de manera controlada:

  • Formación de complejos: se trata de juntar el fármaco con otras moléculas formando una red que tarde un tiempo en disolverse en el medio. Por ejemplo, las insulinas complejadas con zinc de larga duración.
  • Microcristales: en este caso se formula el fármaco haciendo pequeños cristales que son muy poco solubles. Un problema de esta formulación es que la administración puede ser dolorosa. Por ejemplo, la testosterona mensual.
  • Suspensión oleosa: se utiliza para fármacos que son muy solubles en líquidos oleosos (es decir, que se disuelven en aceite y no en agua). Por ejemplo, algunas hormonas.
  • Nanopartículas: se administra un líquido en el que van disueltos pequeños agregados del fármaco. Cuanto más grandes sean estos agregados más tardará en disolverse el fármaco y por lo tanto más tiempo durará su efecto (ver imagen). Por ejemplo, algunos fármacos utilizados para la esquizofrenia.





    La formulación que se ha desarrollado de cabotegravir es una suspensión de nanopartículas de unos 200 nanómetros de diámetro. Con este"gran" tamaño permite que el fármaco se vaya liberando durante semanas. De hecho, se ha visto que la concentración máxima se alcanza a los 69 días de la administración.

    Con todos estos datos, se está probando la combinación cabotegravir-rilpivirina (otro fármaco para el VIH que está comercializado por vía oral) para administrarse una vez al mes por vía parenteral en pacientes que tengan el virus controlado. De momento los resultados están siendo satisfactorios aunque aún es un poco pronto para sacar conclusiones.

    En resumen, cualquier noticia que mejore la calidad de vida de los pacientes, ya sea aumentando la eficacia, disminuyendo las reacciones adversas o reduciendo el número de dosis, es una buena noticia que debemos aplaudir. Sin embargo, aún queda mucha investigación por delante para ver este fármaco en las farmacias de los hospitales. Estaremos atentos.

    Cuídense!



    miércoles, 27 de septiembre de 2017

    ¿Por qué me han cambiado de Truvada® a Descovy®?

    Esta es una pregunta que muchos pacientes con VIH se harán en los próximos meses. La reciente comercialización del fármaco Descovy® (emtricitabina + tenofovir alafenamida) está empezando a sustituir los tratamientos con Truvada® (emtricitabina + tenofovir disoproxilo). Para saber el motivo hay que indagar un poco.




    Tras la aparición de los primeros fármacos antirretrovirales, allá por la década de los noventa, el objetivo de la terapia contra el VIH se centraba únicamente en reducir la carga del virus en sangre y aumentar los niveles de linfocitos CD4+. Con el paso del tiempo, los avances en el tratamiento antirretroviral han conseguido convertir el VIH en una enfermedad crónica, que se logra controlar con los fármacos disponibles y una adherencia adecuada del paciente.

    La evolución de la terapia antirretroviral ha permitido a los pacientes con VIH envejecer. Sin embargo, esta buena noticia ha generado otros problemas. Ya no vale solo con reducir el virus en sangre, ahora necesitamos tratamientos muy seguros que no presenten toxicidad a largo plazo y nos puedan provocar otros problemas.

    En el año 2006 se autorizó en España el fármaco Truvada® para la infección por VIH. Se trataba de la combinación de dos principios activos: emtricitabina (inhibidor de la transcriptasa inversa análogo de nucleósido) y tenofovir disoproxil (inhibidor de la transcriptasa inversa análogo de nucleótido). Desde entonces ha sido uno de los antirretrovirales más utilizados por su eficacia, seguridad y comodidad, ya que permite pautas de un comprimido al día asociado a otros tratamientos. 

    Se ha visto que en algunos pacientes que están en tratamiento durante años, tenofovir disoproxil provoca daño en los riñones y osteoporosis que termina obligando a cambiar de antirretroviral. Este daño se produce por las altas concentraciones de tenofovir disoproxil en la sangre.

    En este contexto se acaba de desarrollar Descovy®, la combinación de emtricitabina más tenofovir alafenamida. Esta nueva formulación de tenofovir alafenamida hace que el fármaco entre más fácilmente en las células de nuestro organismo, donde ejerce su efecto. De esta manera se puede utilizar a dosis mucho menores que con el antiguo tenofovir disoproxil con el mismo efecto. Como se puede ver en la imagen, 300 mg de tenofovir disoproxil equivalen a solo 25 mg de tenofovir alafenamida. Y por lo tanto, al haber menos fármaco en sangre se produce menos daño en los riñones.



    Este es un buen ejemplo de como una pequeña modificación química en la estructura más elemental de un fármaco pueden afectar a la eficacia o seguridad del medicamento. En este caso, los resultados de los ensayos clínicos han sido muy positivos, por lo que solo nos queda esperar que mejoren los resultados en salud de los pacientes en tratamiento con esta combinación. 

    Sara Ruiz el Jerche
    Vanesa Pérez Muro