lunes, 29 de enero de 2018
viernes, 26 de enero de 2018
¿Se puede controlar el VIH con una inyección al mes?
Llevamos ya un tiempo leyendo noticias sobre un nuevo fármaco para el VIH que puede marcar un antes y un después en el tratamiento de esta enfermedad. Se trata de CABOTEGRAVIR, un principio activo que actúa inhibiendo la integrasa del VIH (una de las proteínas propias del virus). Aunque el mecanismo de acción no es nuevo, la revolución está en que se puede administrar por vía intramuscular solo una vez al mes.
La evolución en el tratamiento del VIH ha sido espectacular. Desde que en 1987 se comercializara el primer fármaco para esta enfermedad, la zidovudina o AZT, han ido apareciendo nuevas dianas y nuevos mecanismos que han permitido mejorar la vida de los pacientes hasta conseguir que tengan una esperanza de vida muy similar a la población sana. Sin embargo, no siempre ha sido un camino de rosas. Uno de los problemas que aparecieron al principio fue la cantidad de pastillas que los pacientes tenían que tomar todos los días, llegando a tener que tomar hasta 20 cápsulas o comprimidos. Poco a poco se han ido simplificando pautas y combinando fármacos hasta que hoy lo más habitual es tener que tomarse solo una pastilla al día.

Continuando con esta estrategia, el siguiente paso que está investigando la industria farmacéutica es la administración parenteral (es decir, inyectada) de formas farmacéuticas de liberación prolongada. Como vimos en el tema de eDruida de administración parenteral, la vía intramuscular permite formular fármacos de manera que se liberen muy lentamente. De esta manera se pueden administrar dosis altas que poco a poco se irán disolviendo, haciendo su efecto y eliminándose durante un tiempo establecido.
Esta estrategia no es tampoco nueva, se ha utilizado en enfermedades como la diabetes, la esquizofrenia o con antidepresivos. A nivel farmacéutico, existen diferentes maneras de conseguir que un medicamento administrado por vía parenteral se vaya absorbiendo de manera controlada:
La evolución en el tratamiento del VIH ha sido espectacular. Desde que en 1987 se comercializara el primer fármaco para esta enfermedad, la zidovudina o AZT, han ido apareciendo nuevas dianas y nuevos mecanismos que han permitido mejorar la vida de los pacientes hasta conseguir que tengan una esperanza de vida muy similar a la población sana. Sin embargo, no siempre ha sido un camino de rosas. Uno de los problemas que aparecieron al principio fue la cantidad de pastillas que los pacientes tenían que tomar todos los días, llegando a tener que tomar hasta 20 cápsulas o comprimidos. Poco a poco se han ido simplificando pautas y combinando fármacos hasta que hoy lo más habitual es tener que tomarse solo una pastilla al día.

Continuando con esta estrategia, el siguiente paso que está investigando la industria farmacéutica es la administración parenteral (es decir, inyectada) de formas farmacéuticas de liberación prolongada. Como vimos en el tema de eDruida de administración parenteral, la vía intramuscular permite formular fármacos de manera que se liberen muy lentamente. De esta manera se pueden administrar dosis altas que poco a poco se irán disolviendo, haciendo su efecto y eliminándose durante un tiempo establecido.
Esta estrategia no es tampoco nueva, se ha utilizado en enfermedades como la diabetes, la esquizofrenia o con antidepresivos. A nivel farmacéutico, existen diferentes maneras de conseguir que un medicamento administrado por vía parenteral se vaya absorbiendo de manera controlada:
- Formación de complejos: se trata de juntar el fármaco con otras moléculas formando una red que tarde un tiempo en disolverse en el medio. Por ejemplo, las insulinas complejadas con zinc de larga duración.
- Microcristales: en este caso se formula el fármaco haciendo pequeños cristales que son muy poco solubles. Un problema de esta formulación es que la administración puede ser dolorosa. Por ejemplo, la testosterona mensual.
- Suspensión oleosa: se utiliza para fármacos que son muy solubles en líquidos oleosos (es decir, que se disuelven en aceite y no en agua). Por ejemplo, algunas hormonas.
- Nanopartículas: se administra un líquido en el que van disueltos pequeños agregados del fármaco. Cuanto más grandes sean estos agregados más tardará en disolverse el fármaco y por lo tanto más tiempo durará su efecto (ver imagen). Por ejemplo, algunos fármacos utilizados para la esquizofrenia.
La formulación que se ha desarrollado de cabotegravir es una suspensión de nanopartículas de unos 200 nanómetros de diámetro. Con este"gran" tamaño permite que el fármaco se vaya liberando durante semanas. De hecho, se ha visto que la concentración máxima se alcanza a los 69 días de la administración.
Con todos estos datos, se está probando la combinación cabotegravir-rilpivirina (otro fármaco para el VIH que está comercializado por vía oral) para administrarse una vez al mes por vía parenteral en pacientes que tengan el virus controlado. De momento los resultados están siendo satisfactorios aunque aún es un poco pronto para sacar conclusiones.
En resumen, cualquier noticia que mejore la calidad de vida de los pacientes, ya sea aumentando la eficacia, disminuyendo las reacciones adversas o reduciendo el número de dosis, es una buena noticia que debemos aplaudir. Sin embargo, aún queda mucha investigación por delante para ver este fármaco en las farmacias de los hospitales. Estaremos atentos.
Cuídense!
En resumen, cualquier noticia que mejore la calidad de vida de los pacientes, ya sea aumentando la eficacia, disminuyendo las reacciones adversas o reduciendo el número de dosis, es una buena noticia que debemos aplaudir. Sin embargo, aún queda mucha investigación por delante para ver este fármaco en las farmacias de los hospitales. Estaremos atentos.
Cuídense!
lunes, 22 de enero de 2018
lunes, 15 de enero de 2018
lunes, 8 de enero de 2018
domingo, 31 de diciembre de 2017
sábado, 23 de diciembre de 2017
lunes, 18 de diciembre de 2017
lunes, 11 de diciembre de 2017
lunes, 4 de diciembre de 2017
miércoles, 22 de noviembre de 2017
Yo también soy hipertenso
Tengo 35 años.
No fumo.
No bebo.
No tengo colesterol.
No padezco ninguna enfermedad.
Pero de la noche a la mañana me he convertido en hipertenso.
Como habrán podido leer en alguna noticia como esta, la Asociación Americana del Corazón y el Colegio Americano de Cardiología ha cambiado los parámetros para diagnosticar la hipertensión arterial. Antes hacía falta tener una tensión arterial superior a 140 de sistólica y 90 de diastólica para estar clasificado como un paciente de hipertensión. Tras una serie de estudios han decidido disminuir estas cifras a 130/80.
Con este cambio, personas como yo, que tienen de manera habitual la tensión un poco más elevada de lo normal nos hemos convertido (según este criterio americano) en enfermos.
Este tipo de cambios siempre vienen acompañados de polémica. Muchos creen que son las farmacéuticas las que incentivan a las organizaciones profesionales para que disminuyan los valores de diagnóstico. Esta teoría de la conspiración tiene sentido, a más diagnósticos de hipertensión más antihipertensivos vendidos. Sin embargo, los autores dejan muy claro que este cambio se debe a que se ha visto una mayor probabilidad de problemas cardiovasculares a largo plazo en las personas con estas cifras respecto a las personas con tensiones por debajo de 120/80. Además, remarcan que a esta población se les debe tener en cuenta antes a fin de poder modificar a tiempo sus hábitos de vida.
En este sentido, los titulares tan llamativos como los que hemos podido leer y la simplificación de los modelos pueden dar lugar a que personas sanas (como yo) se conviertan en enfermos de manera prematura. Se ha demostrado que para que en un futuro se padezcan problemas cardiovasculares hay muchos más factores a tener en cuenta además de la tensión. Una manera de estimar el riesgo de cada individuo es mediante escalas que agrupan varios parámetros. Una de las más utilizadas en España es la REGICOR que tiene en cuenta tensión arterial, sexo, tabaco, diabetes, edad y niveles de colesterol.
Con todos los parámetros recogidos calcula la probabilidad de tener algún problema cardiovascular en los próximos 10 años. Hay calculadoras online como esta que te permite calcular este porcentaje. Con mis datos me estima que tengo un 1% de riesgo, lo que demuestra que no solo es importante el control de la frecuencia cardíaca (que también) para el desarrollo de problemas cardiovasculares.
En definitiva, para los nuevos "hipertensos" como yo les recomendaría que controlaran su tensión arterial de vez en cuando (nunca está de más), que sigan una vida saludable, pero que de momento no se preocupen demasiado por su salud futura.
Cuídense!
No fumo.
No bebo.
No tengo colesterol.
No padezco ninguna enfermedad.
Pero de la noche a la mañana me he convertido en hipertenso.
Con este cambio, personas como yo, que tienen de manera habitual la tensión un poco más elevada de lo normal nos hemos convertido (según este criterio americano) en enfermos.
Este tipo de cambios siempre vienen acompañados de polémica. Muchos creen que son las farmacéuticas las que incentivan a las organizaciones profesionales para que disminuyan los valores de diagnóstico. Esta teoría de la conspiración tiene sentido, a más diagnósticos de hipertensión más antihipertensivos vendidos. Sin embargo, los autores dejan muy claro que este cambio se debe a que se ha visto una mayor probabilidad de problemas cardiovasculares a largo plazo en las personas con estas cifras respecto a las personas con tensiones por debajo de 120/80. Además, remarcan que a esta población se les debe tener en cuenta antes a fin de poder modificar a tiempo sus hábitos de vida.
En este sentido, los titulares tan llamativos como los que hemos podido leer y la simplificación de los modelos pueden dar lugar a que personas sanas (como yo) se conviertan en enfermos de manera prematura. Se ha demostrado que para que en un futuro se padezcan problemas cardiovasculares hay muchos más factores a tener en cuenta además de la tensión. Una manera de estimar el riesgo de cada individuo es mediante escalas que agrupan varios parámetros. Una de las más utilizadas en España es la REGICOR que tiene en cuenta tensión arterial, sexo, tabaco, diabetes, edad y niveles de colesterol.
Con todos los parámetros recogidos calcula la probabilidad de tener algún problema cardiovascular en los próximos 10 años. Hay calculadoras online como esta que te permite calcular este porcentaje. Con mis datos me estima que tengo un 1% de riesgo, lo que demuestra que no solo es importante el control de la frecuencia cardíaca (que también) para el desarrollo de problemas cardiovasculares.
En definitiva, para los nuevos "hipertensos" como yo les recomendaría que controlaran su tensión arterial de vez en cuando (nunca está de más), que sigan una vida saludable, pero que de momento no se preocupen demasiado por su salud futura.
Cuídense!
lunes, 20 de noviembre de 2017
miércoles, 15 de noviembre de 2017
¿Me tomo o no me tomo el medicamento? ¿Puedo decidir yo?
Todos los que hemos tomado medicamentos en algún momento de
nuestra vida nos hemos hecho esa misma pregunta. Las razones por las que se
llega a esta cuestión son varias:
- Padezco una enfermedad que en este momento, que no me da ningún problema y me tengo que tomar un medicamento todos los días.
- El hecho de tomar la medicación, no me hace sentir mejor
- El medicamento que tengo que tomar me sienta mal.
- He oído que el medicamento puede hacerme daño en un futuro.
Si ante una de estas cuatro suposiciones ha decidido no tomarse la medicación que le han prescrito, estará ante un problema de adherencia al tratamiento, al que también se añaden todas las veces que se le olvida tomar los medicamentos. Situación que se repite de forma frecuente en los países desarrollados, donde uno de cada dos pacientes no toma la medicación correctamente. De hecho, se considera uno de los principales problemas de salud, puesto que la adherencia terapéutica es la base para el éxito de los tratamientos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió la
adherencia como “el grado en que un paciente sigue las recomendaciones que los
profesionales sanitarios le han sugerido (hacer dieta, realizar ejercicio
físico, tomar los medicamentos).
Por tanto, la mejora de la adherencia es un objetivo
primordial de todo el sistema sanitario. En este sentido, la Sociedad Española
de Farmacia Hospitalaria (SEFH) celebra el 15 de Noviembre el "Día de
la adherencia e información de medicamentos". Se trata de una jornada
de sensibilización para los ciudadanos sobre la importancia del seguimiento de
los tratamientos. Como cada año, participan hospitales de toda España, y cuenta
con el respaldo del Ministerio de
Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.
Para abordar este problema, es clave la educación de los
pacientes sobre los tratamientos. La información y conocimiento de sus
medicamentos puede ayudar a los pacientes a entender qué están tomando y
con qué finalidad. Por ejemplo en los casos anteriores:
1) En el primer supuesto podría ser un paciente en
tratamiento con acenocumarol (Sintrom®). Ha de saber que aunque no tenga en ese
momento problemas con su enfermedad, si deja de tomar el medicamento puede ser
peligroso, ya que con el tiempo se pueden formar coágulos en la sangre.
2) En el segundo, podría ser un tratamiento hipolipemiante
(para bajar el colesterol, principalmente). En este caso el paciente no nota
mejoría cuando lo toma y los resultados analíticos tardan en verse. Sin embargo, es
imprescindible que se tome el medicamento todos los días para disminuir el
riesgo de infartos o problemas cardiovasculares del futuro.
3) Hay medicamentos que los primeros días producen pequeños
efectos molestos, pero con el tiempo se van tolerando mejor.
Es importante saberlo para no abandonar el tratamiento antes de que estos efectos
desaparezcan.
4) En el cuarto caso, es el ejemplo de los analgésicos, como la morfina, en que
los pacientes no lo toman, por miedo a habituarse. En estos casos, son capaces
de sufrir dolor innecesario por miedo a tomarlo.
Por tanto la toma de decisiones respecto a su tratamiento implica
potenciales riesgos. En este sentido es muy importante la figura del paciente instruido,
que tiene información adecuada sobre los medicamentos, y sabe qué hacer
ante distintas situaciones. Además está implicado en el tratamiento, se responsabiliza del mismo y conoce las
consecuencias de no tomar la medicación. En definitiva, el paciente debe
participar activamente en la gestión de su enfermedad y buscar asesoramiento en
el personal sanitario.
Las medidas
generales que los profesionales sanitarios pueden establecer son:
- Simplificar los tratamientos, con el menor número de tomas diarias, consiguiendo que forme parte de la rutina diaria, respetando las preferencias del paciente.
- Dar
información de cómo tomar los medicamentos, cuál es el objetivo del
tratamiento, qué hacer ante los olvidos,
los posibles efectos adversos que pueden aparecer y cómo actuar
ante ellos.
- Recomendar
formas de no olvidar la administración del medicamento, ayudándo al paciente a programar la toma de medicamentos,
mediante el uso de pastilleros o diferentes sistemas de recordatorios.
Existen formas de aviso sencillas, como las aplicaciones móviles (apps) de
fácil manejo: Recuerdamed y
Expertsalud (ver página eDruida y apps para la adherencia ).
- Ser
accesible mediante consultas telefónicas o por vía telemática.
El farmacéutico es un profesional sanitario experto en
medicamentos, que te puede ayudar a mejorar la adherencia.
¡Consúltanos, estamos cerca de ti!
lunes, 13 de noviembre de 2017
lunes, 6 de noviembre de 2017
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